Causas de muerte en la época victoriana: el pan

Causas de muerte en la época victoriana: el pan

En esta sección nos centraremos en acercarnos a unos de los periodos en los que se produjeron más avances tecnológicos y en general en el desarrollo de nuevas formas de producción que precedió nuestro mundo tal y como lo conocemos hoy: la época Victoriana

Como no es oro todo lo que reluce, podemos imaginar que en grandes momentos de crisis que preceden a esta iluminación científica y tecnológica, también encontramos momentos de miseria y crisis que hacen despertar nuestro ingenio.

Esto mismo ocurría en la Inglaterra victoriana, en este caso pondremos un ejemplo muy sencillo y que se encuentra en nuestro día a día, de nuestro uso cotidiano y probablemente uno de los elementos que a priori, menos desconfianza podría causarnos: el pan.

En la Inglaterra victoriana la importancia de la alimentación no radicaba es sus cualidades nutritivas o en el aporte calórico que producía para nuestra alimentación, sino que el alimento, en concreto el pan, se pensaba que cuanto más blanco más sano y sobre todo, algo muy importante en esta época, que luciera blanco y elegante en la mesa.

Es decir, que ninguna de las amas de casa victorianas hubieran elegido un pan multi-cereal de centeno, ya que su color marrón y desigual no era para el gusto de la época, un pan presentable que admirar en la mesa. En la mitad del siglo XIX en Inglaterra y Gales el pan era la forma de consumir cereales y también el alimento al que se destinaba la mayor parte del presupuesto.

Por este motivo los ávidos panaderos, que en el aquel momento se encargaban de todo el proceso desde la recolección y molienda del trigo, así como la elaboración del pan, podían adulterar el alimento a su antojo para sacar más ganancia con menos producto.

Adulterar el producto proporcionaba que panes con poca harina y ligeros, pasasen a ser panes blancos y pesados (ya que el pan se vendía por peso, era una forma de hacer más dinero), un producto genial para el ojo de la ama de casa. ¿El modo más fácil de hacerlo? Mezclando la masa con yeso blanco, harina de alubia, tiza o alumbre (este era uno de los compuestos base del aluminio, que hoy día se utiliza en detergentes).

Esta práctica continuó mas allá de 1860, cuando hubo una tímida crítica a los alimentos adulterados demostrado científicamente, siendo una de las causas de la malnutrición y el raquitismo en la segunda mitad del siglo XIX.

 


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